Rambo Las Blood

En ‘Acorralado’ (First Blood, 1984) Stallone empezaba esta saga que contaba el devenir de un soldado veterano del Vietnam (John Rambo) que vivía la vuelta a casa con grandes problemas de adaptación. Ninguneado por un sheriff de una pequeña ciudad (que acaba por destrozar al final del filme) mostrando su parte más humana y a la vez más oscura, en ´Rambo: Last Blood´ se cierra ese ciclo de una manera contundente

En la primera se denunciaban los problemas de adaptación y de rechazo que sufrían los veteranos de guerra cuando volvían a su país. Fue una película en la que ¡ojo!, no moría nadie asesinado. Solo se mostraba en forma de acción el caos, la soledad, la desesperación y los traumas de un tipo entrenado para matar al que llevan al límite en una cacería humana. Una cinta de acción de los 80 que tuvo gran éxito en taquilla y que creó un personaje mítico (pese a quien le pese) en la historia del cine. Eso iba a cambiar en las siguientes entregas.

En ‘Rambo 2’ sería el gobierno quien le pediría ayuda a cambio de sacarle de la cárcel y forzando de nuevo al protagonista a ser quien no quiere ser. ‘Rambo 3’ es algo parecido. Su coronel, y prácticamente el único amigo que conoce John, es capturado en Afganistán y allí que va Rambo a luchar contra los rusos. Una peli claro reflejo de esa guerra fría que llevaban EEUU y la URSS por aquel entonces. Ya en estas dos últimas secuelas las muertes y la destrucción iban in crescendo en una espiral de violencia sin fin. 

Veinte años después Stallone volvería a encarnar al personaje en ´Rambo IV´, haciéndose cargo del guión y la dirección. Aquí ya vemos a un tipo de edad madura que vive solo y en paz hasta que le piden ayuda como guía y las circunstancias hacen que se implique en una lucha contra un grupo militar que tortura y asesina a inocentes en Birmania. 

Y cuando todos pensábamos que no había ya más donde exprimir la historia de este hombre lleno de traumas y de muerte, John Rambo se quiere reinventar en una última secuela 37 años después de la primera. 

He creído bueno poner un resumen de todo lo que ha precedido a lo que es, si Sylvester no dice lo contrario, el cierre de una historia que para muchos debió haber acabado mucho tiempo atrás. 

Lo primero que observo es que pese a todo, la película reúne a bastantes medios de prensa especializada. Yo la verdad es que no tengo muchas expectativas. La película comienza con una secuencia de acción donde hay un rescate en una montaña en medio de una gran tormenta donde ya vemos a John ayudando a las autoridades locales y ya nos muestra a un hombre que tiene remordimientos y culpa ante la posibilidad de perder a alguien. Noto que no lleva bien que la gente muera si él hubiera podido evitarlo. Debo confesar que este inicio introductorio me gusta, con acción y sentando las bases para empezar pisando fuerte. 

Luego la cinta se divide claramente en tres partes. Admito que el guión es muy simple pero tampoco me espero mucha complejidad donde no la hubo antes. 

En la primera se muestra al personaje viviendo una vida tranquila en un rancho, acompañado por una madre y su hija adolescente a las que considera su familia. Habiendo vivido sus anteriores películas incluso te alegra que el abuelo Rambo esté tan bien y algo más tranquilo en el último tramo de su vida.

En la segunda algo sucede que hace que esa paz se vea perturbada por un acontecimiento que una vez más, le obliga a tomar partido. La acción se traslada a algún lugar de México. Aquí me estremecen las imágenes que narran y ponen el foco en todo el tema de la trata de blancas. Pasamos de película familiar a una especie de thriller mafioso de cierta crueldad. Ya lo hemos visto en otras películas pero siempre se te encoge un poco el corazón cuando ves estas cosas. LLegados a este punto la cinta me recuerda a otras con las que comparte ciertos paralelismos como ´Blood father´ de Mel Gibson o ´Venganza´ de Liam Neeson (otros dos veteranos del celuloide).

Podemos también ver a Sergio Peris-Mencheta en el papel del malo de la peli junto con otro secundario español como Oscar Jaenada, que aportan esa ración de crueldad de la que he hablado antes. El trío español de renombre lo completa Paz Vega en un papel mas secundario, ayudando a un protagonista al que incluso le superan los acontecimientos. 

La tercera parte es todo un recital de sangre y violencia del John Rambo más oscuro de todos. Las muertes se suceden con una brutalidad y una variedad de estilos no apta para almas sensibles o niños. Vemos curiosamente al Rambo más cruel, al tipo al que entrenaron para matar y vaya si lo hace y cómo lo hace.. No queda nada de aquel viejo con sentimiento de culpabilidad que vive tranquilo. Solo un tipo que es muy bueno en lo que sabe hacer y así se encamina todo hacia un final sin sorpresas, ya visto tantas veces en el cine en otras producciones. 

Debo reconocerle los méritos a un Stallone que supo construirse una carrera en Hollywood con un talento limitado, pero creando personajes que han entrado en la historia del cine como Rocky Balboa o el mismo John Rambo. Personajes interpretados y escritos por él. Podríamos entrar en el debate de la calidad de los 5 guiones escritos o co-escritos por él en esta saga que nos ocupa… Pero el hecho es que le ha dado para mucho. Yo que crecí entre sus películas, no puedo dejar de sentir cierta nostalgia por todo lo que representó en los 80 y 90 en el cine de entretenimiento palomitero. Y que haya reunido a viejas glorias del cine de acción de su época junto con algunas de las actuales en ´Los mercenarios´ yo se lo agradezco. 

En cuanto a esta película, si tienes claro lo que vas a ver poco puede sorprenderte (ni para bien ni para mal) salvo el escabroso final. Destaco sobre todo la violencia cruda de algunas escenas, con una dirección aceptable y un guión que te deja todo muy clarito para una duración de sólo 89 minutos. Las interpretaciones cumplen de sobra en este tipo de filmes y el sonido es contundente. Se deja ver, entretiene y aunque sea por su violencia te impacta. Utiliza una fórmula con las bases de un western de toda la vida mil veces contada en el cine de diferentes maneras y que consigue ser en parte efectiva. 

Tendréis un plus todos aquellos que como yo, hayáis vivido de una manera u otra las aventuras de este veterano de guerra. Se recalca bastante ese trauma del hombre que ha pasado por mil vicisitudes en la vida, que ha perdido todo lo que quería o conocía y que ha intentado llevar una vida apacible para olvidar todo lo malo que hizo y todas las desgracias que sufrió. Hay una frase que aparece no una, sino dos veces (por si no te enteraste la primera vez), que viene a decir algo así como que las personas no cambian, si no que esconden lo que realmente son en todo caso, y aquí nos muestran el extremo de un hombre que ante todo quiso ser noble sin buscar redención en verdad, pero que apenas le dejaron descansar en paz. Yo creo que ya por fin, después de casi 40 años, al fin lo hará. 

Lo bueno: Stallone y los títulos de crédito como homenaje a su personaje.

Lo menos bueno: Stallone y su guión simplón 

Crónica de un concierto: Bon Jovi – Estadio Wanda Metropolitano – 7 de julio de 2019

Corría el año 1986, yo era un niño y recuerdo exactamente la primera vez que escuché a Bon Jovi en la radio. Era verano, mis padres alquilaban un apartamento todos los años en la bahía de Palma (yo tenía asma y el pediatra aconsejaba que fuera mucho a la playa) y tenía un aparato llamado walkman (cuanto ha llovido desde aquella) donde me ponía la radio cuando me iba a mi cuarto a “dormir”.

Y una de esas noches estivales escuché por primera vez ‘Living on a prayer’ (su gran éxito) y me quedé flipado con la canción, como imagino que hizo con tantos otros de mi generación y posteriores. Como suelo decir, por ‘Prayer’ aquel año me hice heavy y Bon Jovi pasó a ser mi grupo favorito junto con otros tantos como Europe, Dire Straits, ACDC, Guns’n’Roses o Metallica.

Creo que puedo afirmar sin equivocarme que soy bastante culpable de que mi hermana pequeña adquiriera verdadera pasión por la banda (y por Jon) aunque multiplicada por dos (o tres…). Y fue ella la que me devolvió el favor y fue la culpable de hacerme el mejor regalo de cumpleaños que no podía ni imaginar. Me invitó al concierto de Bon Jovi en el estadio de La Peineta allá por el año 2003 en su gira de ‘Bounce’. Primera vez que los veía (y última que vi al gran Richie Sambora) y lo disfruté como un enano.

Después de esa vez, hace 6 años nos fuimos a verlos a Lisboa desde Málaga y hace tres días, cuando estoy escribiendo esto, volvíamos a los orígenes, de nuevo a La Peineta ahora convertida en el Wanda Metropolitano y quizás, quien sabe, para cerrar el círculo.

He creído conveniente poneros en antecedentes ya que esta crónica es especial para mí y por lo tanto subjetiva, pero derrocha sinceridad y sentimiento. Si seguís ahí, no os vayáis. A continuación os narro lo que viví acompañado de unas 50.000 personas más que vinieron a ver a unos tipos que llevan más de 30 años sobre los escenarios.

Llegamos al estadio tarde, de hecho ni pudimos ver a los teloneros ‘Marea’ que justo acabaron su actuación cuando accedimos al Wanda por la puerta 39 que nos conduciría a la sección llamada Golden Ring, una de las entradas más caras que nos daba la oportunidad de ver a la banda más de cerca. Veo que el estadio poco se va llenando en unos pocos minutos y para mi satifacción con un público de todas las edades, desde gente que todavía no había nacido cuando empezaron a personas que superaban los cincuenta años. Yo luzco la camiseta de ‘Bounce’ de mi primer concierto y mi hermana una de las más antiguas que pude ver en el estadio: La de ‘ Keep the faith’ de 1995 (24 años de camiseta).

El concierto empieza un poco pasadas las diez de la noche. Nos hemos situado a la izquierda del escenario, un poco escorados pero bastante cerca del mismo. El grupo aparece en medio del estruendo de toda la gente y tocan el primer tema de la noche (This house is not for sale) que aún siendo de los singles más recientes es muy pegadiza y en seguida el público se viene arriba con Jon como gran protagonista, pelo cano, físicamente en forma, exhibiendo esa sonrisa que incluso a mí me encandila (y él bien que lo sabe). Su carisma a sus 57 años en el escenario es incuestionable.

Confieso que ya vengo con la mosca detrás de la oreja por su pérdida de capacidad vocal en esta gira, a lo que hay que sumar (según mi hermana que suele informarse bien) la alergia que padece cuando viene a Madrid. Desde nuestra ubicación no lo consigo oír apenas, los grandes altavoces que tengo cerca emiten unos bajos que también esconden incluso el sonido de otros instrumentos. No tengo el conocimiento de saber si es la equalización de los mismos o la acústica del nuevo estadio. Luego al preguntar a unos amigos que estuvieron en la grada de en frente del escenario me dicen que el eco empañaba algo el conjunto. Puede que el Wanda sea un estadio para que los atléticos animen a su equipo y que su diseño ayude a ello con el retumbar del eco de sus cánticos y gritos, pero quizá no sea tan bueno para un concierto como lo era el Calderón. Ahí dejo la reflexión.

La banda, con una set list de 21 temas, empieza a tocar esos hits que levantan al público por si mismo. Son tan pegadizos que es difícil de no corearlos o de no participar con las manos (Raise your hands) dar palmas o encender los móviles a modo de mecheros en algunas de sus grandes baladas.

Yo sigo sin escuchar bien la música y todavía peor a Jon, así que le digo a mi hermana que nos vayamos más atrás pero por lo menos en una posición más centrada para ver si la cosa cambia, y vaya si cambia. Tanto los instrumentos como las voces se escuchan mucho mejor y disfruto de temas como ‘Born to Follow’, ‘Have a Nice day’ o un fantástico ‘Keep the Faith’ que se alarga (para respiro y descanso de Jon que desaparece por unos minutos) con los solos de los guitarristas Phil X y John Shanks y del teclista y miembro primigenio de la banda (junto a Jon y Tico Torres) David Brian, que por cierto se conserva en formol y es un hacha en los teclados.

Vamos llegando a la mitad del concierto en una calurosa noche de julio madrileña donde sudaba hasta el apuntador y yo sin dejar de botar en casi ningún momento no soy la excepción. A veces, al apagarse las luces después de acabar un tema tras de un par de posturas finales de Jon, boxeando o poniéndose de espaldas y meneando sus caderas para regocijo de sus fans que lo pueden ver en las gigantes pantallas de alta definición que tiene puestas a todo lo ancho del escenario, el publico se apaga como si también se tuviera tomando un respiro, cosa que a mí me molesta un poco. Hay que animarlo, pienso yo. Jon lo nota también y al encenderse las luces de nuevo levanta los brazos y con esa sonrisa suya vuelve a levantar las voces del personal.

A mitad del concierto, cuando canta ‘Bed of Roses’, y lo noto bastante (aunque ya había dado muestras de ello) veo que le cuesta mucho llegar a esos tonos tan agudos a los que solía llegar hace años, y es que su problema con las cuerdas vocales hace que cante bajando algunos tonos, que no termine algunas estrofas o que se tome un tiempo entre frase y frase. Me apena porque lo veo agarrado al micro con las dos manos (ya no saca las maracas y apenas toca la guitarra en las canciones dónde solía hacerlo), rostro contraído (incluso se le cierra un ojo) concentrándose al máximo por sacar el tema adelante. Para compensar esa perdida evidente de voz, las voces de los demás miembros excepto el batería Tico Torres le arropan y le cubren en la medida de lo posible.

Pero ahí está Jon, con tablas, incluso teniendo esos pequeños guiños como cantar un poco inteligible estribillo en español en el que todos entendemos la palabra ‘rosas’ de ‘Bed of roses’ pero poco más, sonrisa en rostro pese a que veo que está pasando un mal rato, siendo cómplice con el público de sus temas más carismáticos, verdaderos himnos como ‘In these arms’ o ‘It’s my life’ que revolucionan a un público que canta también disfrutando y queriendo acompañar al esforzado vocalista que lo está dando todo (aunque no tenga mucho ya) demostrando que es un profesional hasta el final.

Mención a parte, en un momento presenta a los miembros de la banda. Noto que el público le da cariño a Phil X, el guitarrista encargado de llevar el gran peso de substituir a Richie Sambora, que no pretende ser quien no puede ser, sino que es él mismo, aportando su virtuosismo a la guitarra, mucha energía y una voz que acompaña con muy buena nota a las ya mencionadas carencias de su vocalista y líder de la banda. También noto, como no podía ser de otra manera, ese cariño aumentado cuando presenta a David Brian y sobre todo a Tico Torres, emocionado cuando el público corea su nombre por unos segundos.

Va acabando el concierto y suenan los últimos temas, tan pegadizos como los anteriores como ‘Lay your hands on me’, dónde el publico vuelve a corear el estribillo animados una vez más por Jon.

Le digo a mi hermana que para la última canción nos adentremos unos metros más alante entre la multitud para vivir a tope el final y así lo hacemos. Mi regocijo es máximo, de las cuatro canciones que tocan de mi álbum preferido (New Jersey, 1988) tres de ellas suenan entre los últimos temas, como mi balada preferida (y mira que tiene), ‘I’ll be there for you‘. Yo me la canto entera (de las pocas que me sé la letra). El público corea al unísono, entregado, el oooooh oooh oh, luces por todo el estadio, sabiendo que el final se acerca.

Y efectivamente, la siguiente canción empieza con los ya míticos compases que han hecho de ella uno de los iconos del rock de los ochenta. El público enloquece con el sonido del bajo y como no, empieza ‘Living on a prayer’.

Me pongo a botar como todo el estadio, aullamos el estribillo sin importarme si Jon llegaba o no (en ese momento era lo de menos, íbamos todos a una) y con el subidón en lo más alto se termina el ya legendario tema. En mi interior sabía que no iban a tocar otra, pero tenía una mínima esperanza que se disipó entre los aplausos, gritos y silbidos de un público entregado que veía como todos los miembros se agarraban las manos y saludaban para despedirse de Madrid (quien sabe si para siempre) y retirarse al backstage para ya no volver a salir.

El domingo Bon Jovi fue un ejemplo más de que el tiempo no perdona y pasa factura para todos sin excepción. Me gustaría creer que Jon pudiese recuperar su capacidad vocal (al menos en parte), aunque tengo serias dudas de que eso llegue a suceder. Ahora la pregunta que me hago y supongo que se la harán muchos e incluso la mítica banda, es si deberían continuar encima de los escenarios o si sería el momento de retirarse. Porque aunque ya no esté Sambora y la voz de Jon no perdure, lo que si lo hará será su música y esos temas que nos han hecho disfrutar a muchos de nosotros durante casi tres décadas. Porque en definitiva los viejos rockeros nunca mueren. Porque el domingo su público se volvió a entregar en un amplio repaso de muchos de sus éxitos desde su ‘Runaway’ (Bon Jovi, 1984) a ‘This house is not for sale’ (álbum del mismo título, 2016) en unas 2 horas y media de buen y solvente rock.

Yo espero volver a verlos al menos una vez más, y ahí estaremos para disfrutarlo. Y yo creo que muchos de vosotros también lo haréis. Me despido de vosotros, escuchando mientras escribo estas últimas líneas, los acordes de ‘Lie to me’ (otra de sus baladas) no sin antes dedicarle este post a mi hermana Iria, fan acérrima de la banda y mi fiel compañera de los conciertos de Bon Jovi. Que volvamos juntos a un cuarto.

LARGA VIDA AL ROCK’N’ROLL

OSCARS 2019: Black Phanter

7 Nominaciones

Con 7 nominaciones ‘Black Phanter’ se sale de los cánones establecidos por la academia al ser una producción de superhéroes que además de las nominaciones en los típicos apartados técnicos se cuela entre las nominadas a mejor película.

Se dice que el año que viene se incluirá una nueva categoría donde se premiará a la película más popular y bien podemos considerar esta designación como un adelanto. Y como consecuencia, este año Black Phanter se ha llevado ese honor.

Considero esta entrada una reflexión más que una crítica sobre la peli, que por otro lado es un producto de la factoría Marvel que sin duda entretiene y tiene ese toque exótico al desarrollarse en la ficticia nación africana de Wakanda, con una avanzada y oculta al mundo por voluntad propia. La cinta expone argumentos ideológicos, políticos y raciales además de darnos acción y un colorido de diseño de producción realmente fantástico.

Dato: Es la película de Marvel más taquillera de la historia basada en un solo superhéroe.

Yo desde aquí rompo una lanza a favor de las producciones de carácter fantástico. Siempre he pesando que son más que simple cine palomitero, que también. Exponen conflictos muy pronunciados en sus personajes y también describen diferentes comportamientos sociales. Un gran poder conlleva una gran responsabilidad, y esa carga de tener poderes, de cómo utilizarlos y para qué fin es algo complejo en este universo de personajes con habilidades extraordinarias. Desde la dificultad inherente para poder amar hasta la marginación por parte de la sociedad, un superhéroe a menudo lidia con sus propios fantasmas internos además de con peligros que implican su propia vida y la de los demás.

Veíamos en X-Men como Magneto, marcado desde niño por el genocidio judío por parte del Reich alemán, tiene el pensamiento de que el mundo les teme por ser diferentes, y que por eso no les quieren cerca, les quieren controlados o eliminados porque les tienen miedo, ese miedo a lo desconocido. Mientras el profesor Xavier abogaba por un mundo donde mutantes y humanos pudieran convivir en paz. El eterno conflicto entre el bien y el mal siempre hace presencia.

Otro ejemplo que se me ocurre sería el Batman de Nolan, sacrificándose por un bien mayor, luchando con asesinos despiadados y siendo alguién sin superpoderes, marcado por la muerte de sus padres a manos de unos atracadores. O Daredevil, con su continuo conflicto de fé de impartir justicia sin matar. Con sus debilidades, de las que siempre se aprovechan los villanos, cada cual con sus motivaciones más o menos justificadas pero que crean el debate necesario para alimentar un drama interior que se muestra entre escena y escena de acción. Siempre hay dos batallas.

Así que es una buena noticia que se aprecie el trabajo detrás de películas como Black Phanter, y que el cine de superhéroes tenga una presencia más fuerte en la gala de los OSCAR. La nominación a la mejor película no dejará de ser algo testimonial, pero espero que sea un antes y un después y que en el futuro se reconozcan estás producciones como algo más que un cine de usar y tirar.

Lo bueno: Su diseño de producción y el marco exótico donde transcurre. También su trasfondo ideológico.

Lo menos bueno: Que en el pasado hemos tenido cintas de superhéroes de mejor calidad, pero este es el año… Y le ha tocado a Black Phanter y su Wakanda.

OSCARS 2019: Ha nacido una estrella – A Star is born

8 Nominaciones

El genero musical ha pegado fuerte este año y ‘Ha nacido una estrella’ se ha hecho un hueco junto a ‘Bohemian Rhapsody’ en la gala con 8 nominaciones, incluyendo mejor actor, actriz, película, actor secundario, guión adaptado… es decir, categorías principales.

Esta película supone el debut de Bradley Cooper como director. Debo decir que su trabajo tras la cámara me ha parecido bueno, y aprueba en su debut con una buena historia donde la música y el drama personal van cogidos de la mano. Una fórmula que, por otro lado, hemos visto más veces y siempre funciona, siendo esta producción un segundo remake de la original rodada en 1937, que tuvo su remake con Barbra Streisand de 1976. Es decir, una apuesta segura. Su personaje de Jackson Maine, cantante de fama con problemas con el alcohol y las drogas y el inexorable paso del tiempo y las consecuencias que eso acarrea, es un personaje con mucha carga dramática.

Cooper también realizó un buen trabajo vocal durante varios meses ya que pone su voz en las canciones que canta junto al personaje de Ally (Lady Gaga).

Lady Gaga también debuta de alguna manera como protagonista en un film de la factoría de Hollywood. La cantante y actriz nos demuestra lo buena que es en lo primero y lo bien que lo puede llegar a hacer en lo segundo. Sin duda su primera escena musical de la peli nos deja tan boquiabiertos como a Jackson Maine (Bradley Cooper), destilando fuerza y personalidad, además de una gran voz.

Como comentaba, ‘Ha nacido una estrella’ tiene todos los ingredientes para convertirse en un gran producto audiovisual. Las historias de Jack y Ally se encuentran en un punto tan opuesto (el emerger de ella con el marchitamiento interior de él) que dan para un juego dramático potente.

No adivino exactamente a qué es debido, pero mi sentimiento final al ver la película fue de haber asistido a un buen espectáculo (de hecho le pongo un 7 sobre 10) pero también de irme con un déficit difícil de explicar. En un esfuerzo por hacerlo, digamos que me falta algo para que la historia suba ese par de puntos para ser redonda. En algún momento se pierde, no sé si por culpa del guión, de la dirección o del montaje, pero flojea en su desenlace cuando todo parecía lo contrario. Puede que el conflicto que tiene el personaje de Jack quede eclipsado por la historia de Ally o viceversa (en cierta manera podríamos interpretarlo así) y las dos historias que deberían vivir en perfecta simbiosis se terminan fagocitando sin dejarse el espacio suficiente para que dramáticamente exploten. En conclusión y por poner una analogía más simple, tienes la receta maestra, la cocinas, la saboreas y al final te repite un poco la comida.

Con esta ultima parrafada no quiero quitar méritos a la película y presupongo que esa sensación es algo personal que no todos compartiréis. Pero fue una peli que me hizo sentir cosas y al final me dejó un poco frío porque creo que podría estar mejor resuelta. Espero opiniones al respecto.

Por lo demás, buenos números musicales (algunos fantásticos), muy buena calidad de sonido y fotografía, buenas actuaciones de la dupla protagonista y una historia que nos hace reflexionar sobre los sueños, la fama y los diferentes caminos por donde nos puede llevar.

Muy bien Cooper (Dato: el actor también tuvo adicción al alcohol y las drogas), y soprendente para bien Lady Gaga en su faceta de actriz sin olvidar su gran voz.

De sus 8 nominaciones no espero que gane en las categorías principales, pero es que en las técnicas también tiene rivales muy fuertes. Veremos que pasa en la ceremonia del 25 de febrero.

Lo bueno: lo potente de la historia y su primera parte, realmente buena. La escena del bar me encanta.

Lo menos bueno: que se desinfle al final y no mantenga el nivel del principio para ser una película estupenda.

OSCARS 2019: Bohemian Rhapsody

5 Nominaciones

Queen, ese fenómeno musical que después de más de 40 años desde su formación sigue dando de qué hablar, no sería tal sin su vocalista Freddie Mercury, que con su muerte elevó a leyenda (aún más si cabe) la categoría de la banda.

Brian May (guitarra), John Deacon (bajo), Roger Taylor (batería) y el propio Mercury fueron los responsables de crear temas que se han convertido en verdaderos himnos del rock, y que perdurarán en el tiempo como el recuerdo de lo que fueron, una de las mejores bandas de todos los tiempos, dejándonos esa incógnita de hasta dónde hubieran podido llegar de no ser por la temprana muerte en 1991 de su figura principal, Freddie Mercury.

Y aunque ‘Bohemian Rhapsody’ te habla de los inicios y los siguientes años de estos cuatro geniales músicos, los focos se van de forma inevitable a la figura de Freddie, un personaje singular, con una voz prodigiosa, una personalidad y una presencia en el escenario como pocas veces se ha visto.

Una historia que ha costado años llevarla a la gran pantalla. El proyecto que en principio contaba con Sacha Barón Cohen para el rol del protagonista y la dirección de Stephen Frears, cambió de rumbo por diferencias creativas con May y Taylor, y al final se fichó a Rami Malek y en la dirección a Brian Singer. El resultado, una historia para todos los públicos donde se cuenta como se formó la banda, que no pretende ser un biopic de Freddie Mercury aunque sí se centra más en su persona, como icono de la banda. Se tocan diversos temas como sus inclinaciones sexuales, su relación May y compañía, sus amistades, familia, fiestas… todo aderezado con algunos de los temas más míticos de Queen, escenas que te pondrán la carne de gallina a poco que te guste la música y además sostenida con buenas interpretaciones.

Si hablamos del trabajo actoral, tengo la obligación de hacer un alto en el camino y comentar el trabajo de Rami Malek, que en el momento que escribo ya tiene el globo de oro y está nominado al oscar por su interpretación. Pese a las ganas que tenía de ver Sacha Barón Cohen en ese papel, Malik está fantástico. Si pudiera definirlo en una frase, diría que hace un trabajo muy fino. Me convenció pese a mis dudas. Interpretar a toda una personalidad/personaje/figura como la que fue Freddie Mercury es todo un reto, y Malek sin duda está a la altura. Creo que es fácil caer en la trampa de la imitación y la sobreactuación y el protagonista de ‘Mr. Robot’ le da el equilibrio adecuado.

Brian Singer no desentona en la dirección y el montaje está a la altura de su nominación. Esplendorosos 20 minutos finales por cierto.

La enorme dimensión que han adquirido Queen y Freddie Mercury con los años hace que una película como esta destile exigencia por parte de los fans y el gran público, y aunque dejará bastante satisfechos a la mayoría, también adolece de un cierto tono light. Es cierto que toca los aspectos más importantes, pero también es cierto que los toca por encima sin profundizar. En ese sentido, el guion no está a la altura (pasando por alto las licencias que se toma). A algunos nos hubiera gustado poner más carne en el asador pero también entiendo que Brian May y Roger Tylor no querían que fuese un biopic, y sí una historia que reflejase los orígenes de la banda y sus relaciones entre ellos.

El conjunto es de notable, pese a todo, porque su música y sus interpretaciones hacen que te llegue al corazón, y no concibo a ningún fan que no se le pueda erizar la piel al verla.

Lo bueno: El trabajo de Malek unido al resto hace difícil que la peli te pueda decepcionar.

Lo menos bueno: Un guión poco arriesgado y que no profundice en elementos dramáticos que le conferirían más fuerza al conjunto.